馃摚LA PALABRA COMO VALOR PARA CONSTRUIR UN PAIS CONFIABLE馃憤馃徏
- nsuarezcolman

- 26 jul 2021
- 2 min de lectura

En el coloquio cotidiano de la pol铆tica la palabra democracia se repite incontables veces. Sin embargo, la verdadera pr谩ctica democr谩tica no radica en la mera referenciaci贸n verbal, sino en el abordaje pr谩ctico que la pol铆tica debe realizar.
En un pa铆s que se derrumba frente a la muerte, la pobreza, el desempleo y la deserci贸n educativa la palabra debe ser el elemento clave para lograr recrear la confianza y el v铆nculo necesario con una sociedad que espera un salto de calidad en la pol铆tica.
Los procesos pol铆ticos en la argentina llevan a帽os reduciendo su discusi贸n a meras cuestiones coyunturales, mientras tanto 茅stas van perdiendo importancia frente a una realidad que deja al descubierto la incapacidad de construir soluciones a los problemas que se presentan en el mediano y largo plazo. Mientras se banaliza la discusi贸n pol铆tica y se revaloriza la rosca, el costo de los resultados son absorbidos por una sociedad desesperanzada y descre铆da que no tiene m谩s margen.
驴es posible construir v铆nculos sanos entre la pol铆tica y la sociedad si la palabra pierde todo su valor? El interrogante es necesario ante un proceso de degradaci贸n que va dinamitando los pocos puentes que unen a cada vecino con la dirigencia que pretende representarlos. Esta realidad es el reflejo de lo que sucede puertas adentro de los partidos.
La degradaci贸n de la palabra encuentra su ponderaci贸n cuando el ejercicio del poder se realiza de forma desmedida y concentrada, y solo encuentra su lugar en la improvisaci贸n. La sociedad necesita preguntarse hasta el hartazgo sobre la palabra como valor.
El valor de la palabra debe ser el eje central del debate presente y futuro, no puede desvergonzadamente manifestarse la intenci贸n de querer representar a los vecinos como un mero trampol铆n para ocupar otros espacios de poder en pr贸ximos procesos electorales. Una p茅sima se帽al para una sociedad que espera como m铆nimo lealtad de sus representantes.
La lucha por el acceso al poder no puede estar signada por la especulaci贸n, la voracidad o el personalismo irracional que no duda en burlar la confianza depositada por el votante. Los roles institucionales no pueden ser escalones de la ambici贸n personal. Las elecciones de medio t茅rmino suelen potenciar esa voracidad con candidaturas testimoniales, candidaturas trampol铆n o virtuales. Los representantes tienen la obligaci贸n de darle valor a la palabra y cumplir con los mandatos al que se han comprometido.
La sociedad espera madurez y responsabilidad para que la pol铆tica no se transforme en aquello a lo que tanto se critica. La mentira debe ceder ante la interpelaci贸n sincera a cada votante donde la palabra tome el valor necesario para promover el crecimiento en la calidad y profundidad de la discusi贸n pol铆tica. El ejercicio sano del poder requiere pol铆ticos que tengan la capacidad de construir consensos, dialogar con el diferente, ejercitar la empat铆a y reflexionar sobre los errores para consolidar nuevos paradigmas que tengan la palabra como base fundacional.





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